vivir

Emma ha vuelto. Esta mañana, ambulatorio. Ahorrar detalles sobre la sanidad pública madrileña es ahorrarse en decadencia, tristeza y falta de humanidad.

Deberá esperar a que le den cita para una biopsia y aceptar lo que venga sin dejar de vivir. Seguir hacia adelante, aunque sea llorando.

Cuando salía por la puerta un viejito, solo y perdido, le pidió ayuda. No sabía dónde tenía que ir para una consulta por cataratas. Un funcionario sin nombre lo había derivado a otro mostrador y la niebla que cubría los ojos del viejo era demasiado espesa para encontrar el camino. La misma niebla no le permitió observar la cara mojada de Emma, y le entregó, como a un salvador, sus papeles. Todo su historial, hoja por hoja. Las cataratas del viejo, las lágrimas de Emma. Ninguno de los dos era capaz de encontrar el Dato. Volvieron los dos juntos a la mesa del funcionario, que desganado, se levantó, convecido de que eran ya dos tristes figuras las que le pedían el esfuerzo de acampañar al ciego.

No es fácil, vivir, en ocasiones.

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